El Lambucio Ilustrado

lunes, 11 de abril de 2016

Honor al poeta

José Antonio Ramos Sucre: poesía y tiempo

Jose-Antonio-Ramos-Sucre

Nacido en Cumaná, el 9 de junio de 1890, este poeta, escritor e intelectual venezolano forma parte de las más destacadas figuras de la literatura venezolana. El paso del tiempo parece haber hecho mella en su recuerdo: es sacado de vez en cuando del foso del olvido por algún lector nostálgico. Por eso dejamos un enlace para la descarga directa de sus obras completas, esperando que la difusión de este brillante poeta sea del disfrute de todo aquel que aprecia sus escritos.

La obra José Antonio Ramos Sucre oscila entre el vanguardismo y el surrealismo: la evocación de atmósferas sombrías, oscuras, densas, frías y aristocráticas son una constante en su poesía, como lo es su destacada innovación gramatical en la que omite conjunciones para recrear nuevas estructuras poéticas: la poesía en prosa, una propuesta adelantada para su época, en comparación con lo que se venía escribiendo en el país.

Una muerte enigmática finalizada por un suicidio a todas luces liberador puso fin a la vida del poeta. Su obra queda viva para la posteridad.

En el Lambucio Ilustrado compartimos sus Obras Completas. Para descargarlas, haga clic en el enlace siguiente: https://mega.nz/#!ntYnSCSY

sábado, 9 de abril de 2016

Origen de «Lambucio»

El verdadero origen de El Lambucio Ilustrado

Lambucio. Muchos parecen ser los orígenes. ¿De dónde proviene esta curiosa palabra? Haciendo una búsqueda por varias fuentes, dimos con algunas acepciones interesantes. Aquí van unas de ellas:
  • El Diccionario del habla actual de Venezuela, de Rocío Núñez y Francisco Javier Pérez, tiene varias acepciones para lambucio: «1 coloquialismo despectivo Persona de escasos recursos económicos y, generalmente de poca cultura. /2 coloquialismo despectivo Persona que actúa servilmente o halaga a alguien con el fin de conseguir algún beneficio. /coloquialismo despectivo Persona o cosa que no se considera importante. /coloquialismo despectivo Persona que continua e insistentemente pide, busca y aprovecha todos los beneficios, especialmente materiales, que pueda obtener de quienes se encuentren cerca. /coloquialismo despectivo Persona o animal que come o lame los restos de alimentos dejados por otro /coloquialismo despectivo Persona que come con avidez /7 Persona que come excesivamente.
  • El “Diccionario de venezolanismos”, de Maria. J. Tejera tiene lo siguiente: «1. Se dice de quien acostumbra comer entre comidas, registrando en busca de sobras de la comida anterior. Goloso. 2. Tacaño o avaro en las cosas pequeñas o en las pequeñas cantidades. 3. Pobre, maltrecho. 4. fig. Canalla, pobre de espíritu. 5. fig. Zul. Entrometido. 6. fig. Zul. Se aplica a la persona que pretende sacar provecho material, aunque sea escaso, de todas las situaciones. Logrero».
  • El Diccionario de la Real Academia Española tiene las siguientes acepciones: «1. Dicho de una persona: Que acostumbra comer entre comidas. 2. Tacaño o avaro en las cosas pequeñas o en pequeñas cantidades». 
  • Según el Maracucholario, esta palabra proviene de «lamber», la cual es un arcaísmo de lamer, usada para referirse a alguien que come en exceso. 
origen-de-lambucio-ilustrado

La intención original al crear esta página era la de enmarcar el blog entre la quinta y sexta acepción que expone el Diccionario del habla actual de Venezuela: la de exceso de comida, y, en este caso, el exceso de ingesta de conocimiento. 

Ahora bien, ¿qué significado le da usted a esta palabra? 

viernes, 11 de enero de 2013

Rebeldía fashion (o nueva la estética izquierdista consumista)

Lambucio Ilustrado: crónicas lambucias


Producto de la expansión manufacturera de la quincalla del mundo (China) y sus vecinos, la democratización de la moda se ha establecido en casi todos los rincones del orbe: zapatos Nike, camisas Aeropostal, cortes de cabello entre lo punk y lo pop.  Ciertamente, el abaratamiento de la mercancía –que va de la mano, claro está, con la explotación- hace posible que la farándula tenga sus provisiones al alcance de la mano. De un tiempo para acá, cuando la globalización se hace patente no sólo por el mercadeo multinacional sino por la omnipresencia de la opinión (redes sociales),  la rebeldía político-cultural asume como propia la estética del establishment, generando no pocas distorsiones de la realidad. 

  
Un serio atentado a la coherencia llamaría yo a esta nueva-vieja apetencia de la rebeldía mercadotécnica, de la guerrilla del marketing, de la izquierda de los códigos de barra y comida rápida. La rebeldía fashion es el nuevo engendro del desencuentro y de la toma de cualquier identidad arrebatada a trompicones de la vitrina de un mall. Sí, el rebelde fashion prefiere los anglicismos. Los nuevos referentes de la rebeldía coquetean con la coquetería.

El rebelde fashion no sólo gusta del buen vestir, sino de la opinión gratuita: en España cala perfectamente el apodo de “giliprogre”: una persona que, para no quedarse sin opinar, emite cualquier declaración políticamente correcta aún cuando contradiga sus anteriores argumentos. Flirteos con el ecologismo, el antiimperialismo y lo hippie, el rebelde fashion es el paradigma de la izquierda actual. ¿Y cómo no, si sale tan barato un par de Levi’s y unos lentes de sol? Claro, uno tiene derecho a vestirse como quiere, incluso de burgués. ¿No, rebeldes?


La victimización como vehículo de la generación de estereotipos no es nueva en la izquierda: quien pueda leer entre líneas el mensaje expuesto en la foto anterior podrá apreciar cómo una mal comprendida expresión artística puede ser canalizada como parte de la identidad nacional: sí, cuesta creer que la patria sea defendida por estos niuyorkinos cautivos en Caracas; para esta nueva rebeldía, la ideología es estética, y dicha estética es costosa. 

¿Desde cuándo la venezolanidad está en el Bronx?

viernes, 28 de diciembre de 2012

Puer Aeternus



Reflexionando sobre los avatares de la identidad nacional, hay una constante característica que describe casi perfectamente, por no decir completamente, el ser venezolano contemporáneo. Antes de comenzar esta nueva etapa de las Reflexiones urgentes sobre la cotidianidad venezolana, pondré la otra mejilla ya que, así como ha sucedido en ocasiones anteriores, todo lo referente a identidad nacional suele causar escozor. Y con razón.

¿Cuáles son los elementos negativos que se le achacan al venezolano? O mejor dicho, ¿cómo se ve el venezolano? No hace falta hacer una investigación exhaustiva para saber que el criollo tiene una autoimagen negativa: libros como “La autoestima del venezolano” de Manuel Barroso o “El venezolano feo” de Adriana Pedrosa lo exponen bastante bien. Ahora, muy pocos se han percatado de que las taras mentales endilgadas al venezolano corresponden a las de un niño: un mocete de diez o doce años, malcriado, petulante, que hace de su día a día un chiste y que se ríe de sus torpezas y chiquilladas. Sí, los humoristas han sabido (o querido) maquillar el asunto rescatando la supuesta bondad nacional, que más que bondad parece, si no es, ingenuidad. El puer aeternus, o la representación arquetípíca jungniana de la eterna juventud, parece describir con bastante precisión el alma nacional: negación a la madurez, resistencia a los cambios y a lo que conlleve a la asunción de responsabilidades. 

El venezolano es un huérfano: héroe tiene, sí, Bolívar, pero no padre. Padre fundacional como lo han tenido otras naciones vecinas nunca hemos tenido. Como leímos en anteriores artículos, la gente de este país está buscando algo (aunque todo indica que está buscando a alguien) a como dé lugar para ponerlo en un altar:  siempre son hombres poderosos, famosos, rutilantes en la palestra pública. ¿Y eso a qué viene? Pues, que esas figuras que yo intento llamar paternas están perfectamente conectadas con la identidad nacional. No son búsquedas de motivación, sino de identificación: presidentes, peloteros, futbolistas —específicamente extranjeros— son los que suelen estar en los altares de culto nacional. Aunque este tema de la “eterna niñez” pretenda tocar otros asuntos, es bueno recalcar el hecho histórico de la creación de esta nación. Quizás sea esa búsqueda la que ayude a demostrar la minoría de edad nacional.

Fuimos un país que un día dejó los pañales y le dio por cortar su cordón umbilical español. Poco después comenzó por terminar su hermandad vecina y le dio por matarse por dentro: guerra federal, caudillismo, batallas y muerte que desembocaron en una dictadura prolongada. A fuerza  de tiros, nunca ausentes en nuestro acontecer nacional, hemos avanzado poco. Después de tanto plomo, ¿cómo terminamos convirtiéndonos en la nación risueña de chiste a flor de piel que no pierde la primera oportunidad para hacer del bonche una trinchera? Fueron más de ciento veinte hechos de armas los que hemos venido teniendo desde las guerras de independencia. Entonces, ¿cómo es que no maduramos? Si hay algo que endurece el alma es el dolor. ¿Y aquí qué? ¿No?


Un año como éste, 2012, que cierra con más de 20.000 muertos por arma de fuego, debería ser una tragedia nacional. Pero no, no faltarán los chistes, las burlas, los sketchs, los stands-up, los bonches en rueda de pescao alrededor de una olla sopera en los que abunden alborotas y carcajadas que minimicen la trágica realidad ensangrentada. La prensa nacional es un buen ejemplo: ya es parte de nuestra cotidianidad leer en los titulares de estos pasquines cómo la muerte es convertida en un jueguito de niños: "dejaron tieso a albañil en Carapita por bucearse a la jeva del convive de un choro" o "se metió un pepazo en la jeta después de darle matarile a su costilla de quince años". Sí, así asume la nueva prensa la tragedia nacional. Si no me cree, lea elpropio.com y vea cómo se hace de la infancia de una nación un negocio. 

¿Por qué nuestra respuesta ante tamaña desgracia es la de un carajito jodedor? ¿Por qué? ¿Será que como afirma el Cuevo Mecánico, nuestro país no es, sino que ya fue? ¿Será que nuestras desgracias están condenadas a convertirse en material de chiste de humorista? 

sábado, 15 de diciembre de 2012

El culto al frío (reflexiones urgentes sobre la cotidianidad venezolana VI)



Los códigos socioculturales de una nación pueden asimilarse, en la gran mayoría de los casos, a simple vista, por medio de una apreciación desprejuiciada y serena. No es extraño, por tanto, que se diga que quienes suelen tener una mejor visión de los pormenores de una ciudad, país, pueblo o población, sean, sin duda, los turistas. Lo que se tiene en la proximidad de lo rutinario suele ignorarse.

Algo que quizás esté entre esas cosas ignoradas es precisamente el desfase climático que tiene el venezolano común: es parte de su idiosincrasia que el frío, realidad metereológica ajena a su latitud tropical, esté presente en casi todos los ámbitos de vida: el carro, la oficina, el hogar. El altar nacional pareciera ser una nevera, con crucifijos y demás. Entendible que en el Junko o en Mérida no sea el caso, pero Venezuela está más allá. 

Desde el joven que en la mañana de abril sale a la calle como un esquimal hasta la señora que en pleno centro de Caracas lleva su bufanda, no exenta de sudor y tórrido pegoste, el venezolano busca en el interior de su nación un frío que no existe, y si existió ya se fue. Pacheco, el popular floricultor que se enquistó en el día a día capitalino, pareciera que en medio de una arrechera laboral terminó por quedarse en Galipán, mandando unos pobres soplidos fríos con pitillo apenas perceptibles para quienes viven cerca de una montaña.

El uso indiscriminado que se hace del aire acondicionado da la impresión de no ser una defensa contra el bochorno del trópico, sino más bien un emulador de atmósferas nórdicas en las que dioses vikingos mueren de risa al ver las elevadas facturas eléctricas de un tercermundismo que busca lo que no se le ha perdido.

La Navidad venezolana es otro fenómeno que evidencia la poca diferenciación entre la realidad y la ficción: pinos importados de Canadá con unos dólares que por control de cambio escasean para ataviar una festividad totalmente opuesta tanto a nuestra idiosincrasia como a su original representación. La aparición espectral de un gordinflón canoso y barbudo, proveniente de la publicidad de una bebida gaseosa, que invade con su extranjero atuendo lo que debería asumirse como propio. El frío, entre trineos y nevadas, no puede faltar, como no faltarán defensores que digan que sí, que la Navidad se celebra así porque sí, y que sí porque sí. Nunca faltan.

Hay algo en el frío, o mejor aún, en la búsqueda del frío, que permite apreciar cuán alejados estamos de nosotros mismos. Sin apartar la vista de las realidades regionales en las que la regulación de la temperatura es una necesidad primordial, es, en una buena parte de la extensión territorial, un elemento que no se puede obviar.

El frío es un síntoma. 

viernes, 12 de octubre de 2012

Gómez y la "nueva" Venezuela

Si hay un personaje enigmático en la vida de este país, es, sin duda alguna, Juan Vicente Gómez. Denostado por José Rafael Pocaterra y Rufino Blanco Fombona, o bien reivindicado por Jorge Olavarria y Arturo Uslar Pietri, Gómez siempre ha sido un referente para marcar el comienzo no sólo del establecimiento del estado moderno venezolano, sino de lo que sería a futuro el tránsito de la democracia.

Bien vale la pena ver este video para hacer justas, válidas y  necesarias comparaciones con el panorama político actual...


sábado, 19 de mayo de 2012

Gringopatías sociales (reflexiones urgentes sobre la cotidianidad venezolana V)




En un mundo globalizado como éste, no cabe duda de que las relaciones de poder terminan cimentando sus esquemas, patrones y modos de ver la realidad. Ante la dinámica mediática actual, producto de un vertiginoso intercambio de información, son muchos los elementos socioculturales que demuestran la presencia de la dominación que tiene el mayor productor-vendedor ideológico del mundo: EE.UU.

Sin caer en el denostado y omnipresente antiimperialismo, enemigo celebérrimo de nuestros gobernantes, es preciso circunscribir cuál es el verdadero epicentro de enajenación que produce una de las culturas más turbias de la cotidianidad. La invasión estética –a la cual quiero hacer alusión, tal vez por ser la más desapercibida- es posiblemente una de las consecuencias que como sociedad del tercer mundo nos ha impedido forjar elementos de sana identidad, asociados a un baluarte unitario y no al chovinismo trasnochado. La mujer, por todo lo que ello conlleva, es el vehículo por excelencia de tal invasión, y no es debido a las huellas dejadas por el Segundo Feminismo (surgido a finales de 1960 con la Contracultura) que pretendía acabar con la “mujer objeto”, sino a la constante que significa adquirir patrones estéticos ajenos a nuestra idiosincrasia.

            La “mujer objeto” no sólo no murió, sino que es ya universal. Lo es precisamente porque la mujer objeto se industrializó y la publicidad así lo demuestra: desde la valla de alcohol en la autopista que establece la asociación mujer-cerveza hasta la cuña de automóviles que afianzan el retrato del trinomio macho proveedor-mujer-estabilidad. Las curvas femeninas son la ruta perfecta para cualquier promoción que desee establecerse. Sin embargo, llama la atención que el prototipo de curvas que se muestran en toda vitrina social no tienen la forma de la mujer de estas latitudes, sino la de aquella mujer importada, prefabricada, preestablecida según indica la norma exportadora. Digámoslo de otro modo: la mujer que nos venden es el ideal de mujer que le gusta a los gringos. Así de simple. La cultura estadounidense es tetófila por excelencia, gusta rendirle culto a los senos desproporcionadamente grandes; casi podría decirse que no hay otras culturas que lo hagan en esa magnitud. Esta nación hegemónica impone sus gustos vinculados con la imagen femenina sobre otros países en los que tales vinculaciones no son originales.

            El bombardeo mediático, periodístico y comunicacional, establece las pautas que debe seguir la feminidad, no en balde el fenómeno de aumento de senos se ha incrementado en nuestro país, un país en el que claramente los bustos abultados son la excepción y no la norma. ¿Qué es lo que lleva entonces a tantas mujeres a querer ser la excepción y no la norma? ¿La imposibilidad de sentirse a gusto con su cuerpo –transformándolo al estilo de- o mantener el ritual de satisfacer al hombre, que a su vez, busca un patrón estético extranjero? Quien dude de este cuestionamiento, recuerde que este fenómeno se profundiza: son muchas las jovencitas que en su cumpleaños piden un regalo “abultado”, y por partida doble…


            A este fenómeno habría que añadirle el culto a la delgadez extrema, otro fetiche gringo de dudosa génesis, aunque tangible en los estereotipos proyectados en televisión. La mujer, por supuesto, es vehículo-víctima, ya que ha de llevar la carga de necesitar mantener la figura cueste lo que cueste, siendo un estigma o especie de enfermedad social para ellas tener unos kilos de más. Los hombres suelen quedar exentos de crítica o culpa, por lo general. Sabiendo entonces que la genética de estas latitudes suele favorecer otras partes del cuerpo, sigue permaneciendo el afán de muchas mujeres de modificar otras zonas en que la desproporción, como se indica, es característica de lo importado. Lejos de conciliar a las personas con su cuerpo, el stablishment aboga por la pugna o la vergüenza, la baja autoestima y la desvaloración autorreferencial. ¿Dudas? Ponga MTV en su televisor. Además, ya es natural que en los concursos de belleza participen mujeres con cuerpos totalmente modificados. Habría que preguntarse si tal aceptación en los certámenes forma parte de  la naturalización (o banalización) del asunto. 

            De este modo, falta quien desde la más persistente sinceridad, pueda convertir en lema dirigido a las más agraviadas en el asunto, las mujeres: “tienes derecho a carecer de senos y no avergonzarte”, “tienes derecho a ser gorda y no sentirte fea”. Una inyección de sensatez quizás sea lo único que pueda hacer inmune a la sociedad de las gringopatías adquiridas… 

sábado, 24 de septiembre de 2011

Despechos antropológicos


En toda la gama musical latinoamericana de mediados del siglo pasado –ajena a los monigotes prefabricados del norte- se acrisoló en muchos de sus exponentes, intérpretes y compositores un tema tan frecuente que muchas veces suele pasar desapercibido. No es, por tanto, descabellada la escena del visitante de taberna que, ante el consejo del mesero – psicólogo, ahoga sus penas no sólo en alcohol, sino en música. Basta con prestarle atención a muchos boleros y tangos para encontrar en sus letras un espécimen del romance que, a la luz de los días, parece fosilizado, sólo presente en los recuerdos y añoranzas de muchos ancianos: el amor misógino.

Sin duda alguna, la música como reflejo del acontecer sociocultural, es a la vez reflejo de la mentalidad, maneras de ser, pensar y sentir de las personas. ¿Qué decir entonces cuando el desprecio y/o el odio se le endilga a quien es al mismo tiempo el objeto de romance? Todo parece indicar, sin caer en el estricto contraste maniqueísta, que al menos en nuestros antepasados (y ya se explicará el porqué), el amor-odio musical es un vestigio irrefutable del tipo de relaciones interpersonales de nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos. De allí venimos.

Producto del conflicto entre la sociedad patriarcal (europea) y matricéntrica (aborigen), el latinoamericano irrumpe en el acontecer mundial como un elemento nuevo, con sus propias afecciones y características. Sus maneras de amar y odiar, lógicamente, se confeccionaron de igual manera, moldeándose según permitiera la interacción ambiental. Los avatares de los ritmos, ritos, creencias y mitos, fueron dándole forma a la evidencia nombrada, en donde lo musical, como expresión del ser, puede abarcar un enorme territorio cultural. Ahora, ¿por qué se presenta de manera abrupta en el bolero matancero, o en el tango sureño, cualquier cantidad de epítetos misóginos en lo que podría ser un normal despecho? Sería ligero, trivial, ridículo y excesivamente pavoso achacarle este fenómeno al ya recurrido “machismo”. Yo creo que el asunto va más allá, y para eso, basta comparar: hoy en día el romance chapado a la antigua, el “good old-fashioned lover boy” es anatema, una interdicción. ¿Será entonces que la musicalidad latinoamericana actual, incapaz o temerosa de emular cualquier expresión antigua, se enfrasca en “maquillar” lo que antes era norma destacar? La temática del bolero no es la misma de la balada de hoy, por supuesto. 

Tal vez hurgando en las profundidades de las teorías freudianas pueda surgir alguna explicación ante la debacle del amor idealizado, espiritualizado, y por qué no, sublimado, del “amor-odio” típico de nuestro ancestro caribeño. Todo parece indicar que ese amor misógino musical fue reflejo de la mentalidad de aquel entonces, producto de un conflicto socioantropológico de vieja data que se venía arrastrando de la colonia. ¿Será que la mezcla de culturas foráneas le impidió al latinoamericano forjarse una forma de amar exenta de odio?

Cualquiera que sea la explicación, el extinto romance de nuestros abuelos, su sonoridad y su expresión genuina de una verdadera pasión quedaron eclipsados por los postmodernos gemidos de gata salvaje de Luis Fonsi. 



jueves, 18 de agosto de 2011

Muerte Pop



“Según Freud, el inconsciente humano no conoce el tiempo o la muerte. En sus recovecos orgánicos y psicoquímicos internos el ser humano se siente inmortal”. Roberto Esteban Duque. Ensayo sobre la muerte.

"La figura de la muerte, en cualquier traje que venga, es espantosa". Cervantes.

"Todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda". Fontaine.


Conocido es por todos el proceso terminal de la vida: la muerte. Una experiencia social que en todas las culturas representa un momento trascendental como agente catalizador de tradiciones o ritos cuya acción primordial es expresar lo que la muerte representa. La magnitud de la ceremonia fúnebre, en muchos casos, es la mejor evidencia de cuán importante fue, no sólo el fallecido, sino el mismo acto de morir.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando algo tan significativo como la muerte se traslada a la esfera ultramoderna y globalizada de internet, que a fin de cuentas representa la más reciente vía de comunicación humana? No cabe duda de que la muerte adquiere los mismos matices que posee la frenética  y arrebatada aldea global.


Hace pocas semanas se produjo el asesinato del cantautor argentino Facundo Cabral. Una enigmática muerte que consternó buena parte de la sociedad latinoamericana. Llaman poderosamente la atención las demostraciones de aflicción producidas por un evento tan lamentable como dantesco, precisamente de personas cronológicamente jóvenes, asiduas al twitter, facebook, youtube, etc., quienes muy probablemente en su vida, jamás de los jamases, en la quintaesencia del nunca, habrían conocido ni siquiera una canción del cantante. Personas que muy probablemente nunca en su vida supieron que Facundo podría ser el nombre de una persona. Inmediatamente producido el trágico homicidio, una grotesca cantidad de usuarios atapuzaron sus cuadros de mensaje, teléfonos móviles, subnicks, hashtags, etc., mostrando aparente dolor. Ahora bien, ¿tan nimia demostración es digna de alguien como Facundo Cabral, o más bien es una de esas subterráneas motivaciones humanas de figurar en cuanto evento se dé expresadas a través de la accesibilidad vertiginosa que brinda la vida 2.0?


La comunicación humana es una trampa. Muchos académicos suelen alabarla por la posibilidad  que ésta ofrece de vincular y dinamizar las relaciones humanas, pero lo que parecen estar olvidando es que, así como une, también separa. La comunicación es puente y obstáculo, camino y barranco, ayuda y perjuicio a la vez. Muchos parecen estar ignorando que la estética comunicativa de la actualidad, rápida, volátil y  práctica, se está trasladando al resto de las relaciones interpersonales, condicionándola a una extensión determinada, a un avatar, a un tema de interés.

Al calvario de la superpoblación, que de por sí menoscaba el valor de la vida humana, hay que sumarle una suerte de culto fashion que está envolviendo a la muerte: todo indica que no sólo la vida de una persona valdrá menos, sino que si ésta no se adapta a la moda, ni siquiera será una estadística de fin de semana. 

¿Qué estamos haciendo?, ¿trivializando lo inevitable, aprovechando la superficialidad de las redes sociales, para escapar? Al final de este artículo, cualquier muerte que pretenda trascender, deberá caber en 140 caracteres… 

martes, 26 de julio de 2011

Ritos y espiritualidad criolla (reflexiones urgentes sobre la cotidianidad venezolana IV)


“Los sentimientos de 'amor y temor de dios' no tienen su origen en dios, sino en los seres humanos. Son sentimientos de frustración dirigidos por el hombre a un ser imaginario que pretende sea su padre."  Sigmund Freud

"Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la Tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra". Génesis 1:26

“Es inhumano bendecir cuando nos han maldecido.” Friedrich Nietzsche

No son nuevos los ritos de data ancestral en Venezuela, ni son puros. Eso ya se sabe. Lo que sí parece estar sucediendo es una especie de deformación –o escapismo en el mejor de los casos- de la espiritualidad venezolana, la cual, desde los años 60, ha adquirido una estética urbano - tribal propia de estas latitudes tercermundistas.

Algo que llama poderosamente la atención es cómo en el seno de la espiritualidad idiosincrática surgen formas de adoración religiosa totalmente opuestas a la norma, a la convención, al decoro, al respeto. Formas que, en la más profunda, recóndita y enraizada naturaleza, esconden el ensalzamiento perenne de la ignorancia. Una ignorancia cuyo rostro cada vez se parece más al venezolano común.

Esto no quiere decir que las creencias oficiales inveteradas en la nación sean el mejor ejemplo a resaltar, pero al momento de comparar, las distancias son enormes. Tanto así, que por momentos el catolicismo puede percibirse como inocuo al poder sacarse de él (no sin escarbar profundamente) las reflexiones de San Agustín o la Summa Teológica de Santo Tomás de Aquino.



¿A qué viene todo esto? Pues nada más y nada menos a los nuevos-viejos objetos de adoración presentes en el sincretismo venezolano. Un sincretismo que en su vientre alberga desde la chamanería indígena, el sacerdocio y la jerarquización cristiana y los descabellados rituales africanos. Un sincretismo que además de estar generalizado, parece que cada vez gana más y más terreno. Debo resaltar que es necesario excluir ritos y expresiones populares que por la naturaleza de sus objetos de culto no figuran en este ensayo (Chimbangleros de San Benito, Diablos de Yare, etc.). 

Ahora bien, si usted ha leído algo sobre espiritismo venezolano, sabrá que existe desde un tiempo para acá (y cada vez con mayor número de séquitos e impacto mediático) la Corte Malandra. Una Corte de bajo rango perteneciente al culto de Maria Lionza cuyo origen caraqueño estuvo entre los años 60 y 70 del siglo pasado, compuesta por delincuentes que en vida se caracterizaron por sus acciones "robinhoodescas" -para el común de la gente- pero si se ve desde una perspectiva socioantropológica un poco más estricta, se encontrará uno de los ritos más tragicómicos de la cultura venezolana. 


¿Qué lleva a un mortal pedestre a subir a la categoría de santo a un malandro? ¿Qué hace que se deifique a quien representa la peor plaga que azota a la sociedad venezolana? Esto tiene dos lecturas: 1) demostración exagerada de buscar un dios que se parezca al creyente. 2) Una inversión total de los valores tradicionales. 

La primera opción, sin duda, no es nueva. Es la mejor evidencia de la creación mítica, de la configuración de formas de creer y pensar moldeadas a conveniencia de quien necesita rezarle a alguien que retroalimente de manera expedita las aspiraciones humanas. No en balde las pinturas de Jesucristo en la Europa renacentista muestran a un avatar rubio, blanco caucásico, cuando su «supuesto» origen semítico echa por tierra cualquier polémica al respecto. En el seno de la venezolanidad está fermentando una creencia que converja con las inquietudes y necesidades de quien deposita su fe en un malhechor. Es decir, el venezolano de a pie está moldeando su dios hecho "a imagen y semejanza". 


El Descendimiento de la Cruz (Pontormo).

La segunda opción es inquietante: un asunto que representa un descalabro moral. ¿Puede, o más bien, merece alguien cuya vida fue instrumento del mal levantarse en el altar nacional como deidad? Esto, seguramente, el criollo no lo ignora: allí parece que se incuba lo que muchos venezolanos quieren: un dios que sea tan malo como ellos. Es difícil pensar esto de otra manera al tomar en cuenta las características de la personalidad de los malandros criollos. Si se le rinde culto a un dios cuya circunscripción está lejos del terreno "moralmente establecido", los creyentes, obviamente, se sentirán libres de hacer lo que le venga en gana ya que su referente religioso es un desfachatado matón. Dicho de otro modo: "si mi dios es malo, yo puedo ser tan malo como él". De allí surgen innumerables preguntas: ¿la tradición católica venezolana ha sido incapaz de arropar las aspiraciones de sus creyentes? ¿Estas creencias son producto de los desmanes de la postmodernidad? ¿La adoración de malandros representa un atraso o no es más que una adoración sincrética particular?   

Sea cual sea la respuesta, seguirán estos ritos, mutando con el tiempo, tomando la forma que la religiosidad demande. Para la reflexión, dejo dos videos, uno más nefasto que el otro... 




martes, 12 de julio de 2011

Recuerdos póstumos, añoranzas oxidadas y otros subterfugios sanchopancescos


"La única patria feliz, sin territorio, es la conformada por los niños. La verdadera patria del hombre es la infancia”. Rainer Maria Rilke

“¿Cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor?” Jorge Manrique

"Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos. Jorge Luis Borges

¿De qué están hechos los recuerdos? ¿De qué están compuestos los sueños? Hay una suerte de energía, por así decirlo, que nos ata con un magnetismo implacable al pasado. ¿Es el ayer, por el simple hecho de ser ayer, lo que nos hunde en el recuerdo?, ¿o es acaso por el espejismo brumoso que significa “lo que pudo ser y no fue” que la memoria nos hace las peores jugadas. Lo digo porque, como verán más adelante, una de mis mejores maneras para recordar es a través de la música. Dada la turbulencia de estos tiempos ultramodernos, son contados los momentos en los cuales se puede detener el reloj existencial y echar un vistazo a lo que nos ha vinculado, de alguna u otra forma, a la adolescencia, y más allá, a la infancia. Sean buenos o sean malos, los recuerdos configuran el patrimonio espiritual que le da sentido a nuestra vida.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando los mejores recuerdos provienen de las más pintorescas expresiones artísticas, de los más patéticos momentos, de las más ridículas canciones? Pareciera que, a todas luces, el presente se torna blandengue cuando llega el momento de juzgar con madurez lo que estuvo dándonos alegría, risas y emoción. Estos videos son una muestra de lo que puede pasar cuando la infancia se llena de excentricidades artísticas convertidas posteriormente en oro por la alquimia de la adultez…

sábado, 9 de abril de 2011

Religión light





Conocedores de lo ya sabido, profetas de lo obvio, paleontólogos de lo trivial, escrutadores de lo pajúo; chamanes de la Religión Light se erigen en el provenir como brújulas que yacen orgullosas en estanterías, bibliotecas caseras, estaciones de radio, etc. ¿Que qué? ¿No conoce lo que es la Religión Light? Venga, yo se lo explico.

En un mundo que no invita a la reflexión, sino al consumo obligado de cuanta cosa bonita se coloque en el tapete de la contemporaneidad, la Religión Light aparece como una suerte de culto tácito un tanto sincretista que declara la divinidad del pensamiento del fast-food literario y musical, siempre que éste aparente intelectualidad.

Exponentes del pensamiento profundo como el culo de una hormiga como Deepak Chopra, Paulo Coehlo, Carlos Fraga, Ricardo Arjona, entre otros, so pretexto de poseer un exageradísimo conocimiento enciclopédico que emana por medio de aforismos (o canciones) de fácil entender, son consumidos por las masas. Eso sí, una gran campaña mercadotécnica que pule sus imágenes y los declara “sabios de la postmodernidad”. ¡Y qué se pudra en su cochina tumba Bertrand Rusell!

¡Vamos! Ni Chopra, ni Coehlo, ni Fraga ni Osho han venido de otro planeta a iluminarnos el provenir. Ninguno de ellos ni sus acólitos pertenece a una casta bendita cuya función en la tierra es labrar un camino de luz. No. Ellos son simples mortales que desde su humana, demasiado humana comprensión del mundo, dan una opinión de cómo debería vivirse la vida.

Ahora bien, este mazacote llamado Religión Light, portador de las reminiscencias del New Age, constituye el Intelecto Universal, la norma, la ley, la referencia infaltable al momento de buscar respuestas urgidas: el saber que toda señora de cuarenta y pico de años necesita saber para volcarlo sobre su amiga, el conocimiento que todo galán requiere para impresionar a la vecina con un discurso chueco, y lamentablemente, la muleta que cualquier adolescente puede tomar para darle sentido a su existencia. La Religión Light tiene un espacio en nuestra sociedad que no debería tener. Por lo menos no tanto. Por ello, le llegó la hora del chalequeo.

Si bien es cierto que una supuesta buena intención puede estar detrás de estos autores y/o compositores (sin dejar de apartar el lado comercial, claro está), no es menos cierto que lo que ellos arguyen es simple y llanamente una forma de ver la realidad sin haber probado que lo que dicen es cierto. En otras palabras, ¿una palabrita dulce y machucadita es suficiente para darle sentido a esta turbulenta existencia? Pareciera que quienes acuden a esta ayuda nebulosa no quieren ver la realidad tal cual es, sino edulcorarla para hacerla menos tortuosa. ¿Válido? Claro que es válido, pero no por ello deja de ser miserable.

Por tales motivos, he elaborado una lista de “patologías del alma moderna”, en las que considero necesario resaltar la podredumbre de estos pseudoescritores, que no dejan de poner en evidencia que los pensadores críticos escasean en la actualidad. En el Manual de terrorismo físico (2008) está:

· Arjonitis: inflamación aguda de las capacidades cognitivas, la cual generalmente se hace presente en el sexo femenino. Con frecuencia se presenta a partir de la adolescencia. Se caracteriza por una reducción de la capacidad para focalizar y sostener la atención. Hay presencia de alucinaciones auditivas, en su mayoría sin sentido. Verborragia, dislexia, catarsis de neologismos incongruentes relacionados con relaciones amatorias. Quien padece esta terrible enfermedad puede hallarle sentido a una frase loca como: “Tú amor es una trocha que desayuna cauchos tiesos en Bolivia”.

· Coehlofagia: afección psíquica que consiste en “devorar” libros de Paulo Coehlo para asistir frenéticamente a reuniones o actividades sociales y atormentar a los concurrentes con frases empaquetadas de Fedex. Egocentrismo exacerbado, delirium, histeria, con frecuencia se hacen presentes brotes psicóticos al tratar de contener la palabrería cursi. Quien padece coehlofagia puede durar nueve horas seguidas relatando epopeyas tediosas sin tomar agua o evocar frases como “El sendero de la luz se proyecta en nuestras almas en cada amanecer, bajo el firmamento portentoso de una sonrisa amiga”. Se recomienda farmacoterapia o tratamiento electro-convulsivo.

· Fragocitosis cerebro vascular (FCV): trastorno grave de la personalidad producido por ver dos capítulos seguidos del show de “Carlos Fraga”. La afección suele consistir en ataques de histrionismo incontrolable, balbuceo, temblores, sensación de euforia y “habla bonita”. La persona puede adoptar una indumentaria fashion como consecuencia de internalizar la imagen del conductor de TV – psíquico – astrólogo – modisto, locutor – vidente – mago – ilusionista venezolano. Se recomienda terapia racional emotiva conductual o un buen neurólogo.

· Oshoshitis crónica: sociopatía de extraña procedencia que consiste en convertirse en “hippie a juro”. Caracterizada por cambios de humor, ralentización de la coordinación motriz, sonrisa constante y sin motivo aparente, indumentaria astrosa para lucir intenso. Sólo se conoce tratamiento homeopático.

· Chopralitis esquizoide: peligrosísima afección psicológica, más peligrosa que mono con metralleta. El que la padece se “cree la gran vaina”. No hay forma de bajar de la nube al afectado. Un discurso embadurnado de astrología con física y mecánica cuántica describe el terrible trastorno. La enfermedad puede producir cambios en la personalidad como la adquisición de una vestimenta de bohemio de “Bellas Artes”. Hay alucinaciones, sentimientos de grandeza, delirios de fortuna. Se diferencia de la coehlofagia en que el chopralítico es generalmente un atormentado, odioso, malhumorado, que cree que se la está comiendo. Se recomienda encerrona con una mujer de dotes extraordinarios pa’ que se le quite esa pendejada.

· Síndrome de Sanz: padecimiento prolongado, doloroso, sin cura. Se considera la peor de las patologías del alma moderna. El síndrome de Sanz es un trastorno psicoacústico que consiste en un terrible mal gusto por la música. Produce un corte irreconciliable con la realidad al haber declaraciones del afectado como “Maná es el mejor grupo del mundo”, “Quisiera tener la voz de Daddy Yankee”, “La profundidad de las letras de Wisin y Yandel es bárbara”. Afortunadamente, al afectado le aparecen pelos en las manos, le sangran los oídos y se le arruga el rostro. Se recomienda no acercarse a la radio para no contraer la enfermedad, especialmente cuando suena una pieza que habla de un tal “corazón partío”.

Para la sociedad será imperdonable haber dejado de lado a quienes de verdad metieron las manos en el fango de la realidad para dar una respuesta clara, contundente, científica, ajena a toda superstición chambona y ridícula. Freud, Marx, Nietzsche, Camus, Skinner, Vargas Vila, Fernando Vallejo, entre otros, supieron plasmar a nivel literario o científico respuestas a muchas interrogantes, no del lado de la cursilería barata, sino del pensamiento. Los invito a seguirlos.

Destacados arjonólogos y especialistas en la materia, han determinado el Indice de Sinsentido con la intención de llevarlo al campo psicológico y médico: ‎"El sinsentido, independientemente del contexto, se mide en Arjones (arjón: unidad físico-matemática del sinsentido) (0.1 arjones; 0.45 arjones). Nunca se llega a la unidad. Sin embargo, el máximo nivel de ridiculez y cursilería cotidiano-pavosa se expresa en Sanzos. Un sanzo equivale a 700.000 arjones" tomando como referencia, claro está, la escala arjónica.

Es por este motivo que la Religión Light debe desaparecer y ser reemplazada por un movimiento pragmatista que le dé a este bochinche ideológico un verdadero cauce.

domingo, 20 de marzo de 2011

Alirio...


He decidido dedicar un pequeño espacio para rendir homenaje a uno de los mejores guitarristas clásicos del mundo: Alirio Díaz. Insigne venezolano que ha ofrecido desde mediados del siglo pasado la mejor demostración de técnica y estilo en la ejecución de las piezas que interpreta. Aquí dejo una muestra, mientras como una jalea de mango verde....







jueves, 17 de marzo de 2011

Ser, filosofía, eternidad y psicología


No puede haber una definición verosímil de psicología hasta encontrar una definición de hombre. ¿Es que acaso sólo puede interpretarse la primera como un producto cultural, o es que existe una constante universal para entender la relación mente-realidad? Sea cual sea la pregunta, Michel Foucault, filósofo francés y destacado espachurrador de mango verde, deja la puerta abierta trayendo a colación a otro manganzón de alto calibre: Inmanuel Kant.

domingo, 13 de febrero de 2011

La naturaleza antinatural del amor

Luego de haberme ausentado por motivos académicos, escribo este post para hacer unas breves reflexiones sobre uno de los sentimientos que, sin duda alguna, marcan la vida de quien experimenta el elixir (o el flagelo) del amor.

Sigmund Freud, un día comiendo majarete, se sentó en una silla con la pata chueca, se cayó y se esmuñungó el cogote. De todo su arsenal de paja loca, caracterizó de manera brillante un planteamiento relacionado con esa sensación que emboba, alela, hechiza, petrifica al más guapo y enguayaba al más pintao: “el amor es la expresión —o una sublimación— del instinto sexual, en el lugar de reconocer que el deseo sexual es una manifestación de la necesidad de amor y de unión”. Tomando en cuenta lo anterior, cabría preguntarse ¿es el amor un sentimiento o una actitud? En esta turbulencia postmoderna en la que todo se cuestiona, pareciera que la segunda opción lleva las de ganar.

Si de algo no se salvó esa palabra de cuatro letras en la que participa la traviesa representación de un ángel mariconcito con las nalgas al aire, malgastando flechas como Don Regalón, es precisamente de haber sido repensado, reinterpretado a la luz de estos tiempos. ¿Acaso no se ha banalizado el amor a través de un consumismo pervertido en el que la obligación de obsequiar algo constituye la supuesta materialización del afecto? ¿O es que alguien piensa que esta época es propicia para los amantes chapados a la antigua? ¡No! Definitivamente no. ¡Abran los ojos de una buena vez! En esta época bimilenaria el amor es físico, tangible, observable, ajeno a toda representación idealista, lejano a toda cursilería decimonónica. Quien más tiene más regala, y por ende, más “quiere”.

A mi parecer es precisamente la inmediatez del contexto en que vivimos lo que motiva a la gente a convertir en modas lo que inicialmente es biológico: el amor, en su más humana y cruda expresión, es sexo. Así como suena. El amor, en los seres humanos, sólo puede darse (mas no materializarse) a través del sexo. La regaladera compulsiva, la moda, el fashion prèt -a-porter, no es más que una ilusión pasajera, una sublimación de lo que se siente. Lo que llama la atención es que los medios de comunicación, como ya es costumbre, no dejen de construir esa atmósfera ficticia, ecuménica, catedralicia, parafernálica, en la que para amar hay que gastar. Y pareciera ser así según Fromm: las relaciones mercantiles-económicas están vinculadas con las relaciones interpersonales.

¿Es el amor es un arte? Para amar de verdad se necesitan cualidades que se forjan a través de la práctica, de la constancia. Yo iría más lejos: el amor es una actitud.

Debido a que muchas veces es imposible amar sexualmente a quienes deseamos, modificamos el contenido de nuestros deseos, aunque en esta fecha no pareciera ser la música, ni la pintura, ni la poesía los mecanismos de sublimación, sino la compra-venta de objetos. Sí: todo parece indicar que el amor, en pleno siglo XXI, es un fetiche. Aunque ya sepamos que el porvenir de nuestras relaciones esté condicionado por la intensidad de la estimulación, bien sea ésta sexual, verbal, afectiva, etc., y por el desvanecimiento de la efectividad de los estímulos “amorosos”, conviene seguir sublimando el amor, pero no de la manera en que nos lo ha impuesto este desastroso contexto ultramoderno, sino por medio de actitudes realmente humanas. Yo propongo una: el respeto. No puede haber ninguna demostración de amor que no parta del respeto. Propongo otra: el eterno retorno: el enchapado a la antigua.

¿Por qué esta sociedad se habrá empeñado en convertir la expresión artística del amor en anatema? ¿Es que acaso la voz de Alfredo Sadel no fue lo suficientemente amorosa para humedecer los nichos de amor de las primaverales escuchas? ¿Por qué se extinguió la serenata? ¿Es que acaso un aparatucho cagalitroso made in China puede tener más carga afectiva que un romance musical? Sencillamente, nuestra Venezuela de rojos destinos desnaturalizó la verdadera esencia del amor.

Este 14 de febrero son libres de obsequiar lo que sea, o mejor dicho: son libres de perpetuar el nuevo paradigma del amor – compra.

El amor es una actitud sexual, mental y espiritual. O si no que lo diga Felipe.

viernes, 13 de agosto de 2010

Reflexiones urgentes sobre la cotidianidad venezolana (II)



"La voz del intelecto es callada, pero no ceja hasta conquistar una audiencia y, en última instancia, después de interminables repudios consigue su objetivo. Es éste uno de los pocos aspectos en los que cabe cierto optimismo sobre el futuro de la humanidad”. Sigmund Freud.

“Sólo hay mundo donde hay lenguaje”. Martin Heidegger.

"Algo es bello en relación con su contexto. Roman Jakobson.

“En este mundo hay 3 clases de personas, las que saben contar y las que no”. Homero Simpson.

Como ya es bien conocido por una ingente cantidad de usuarios, Twitter encabeza los primeros lugares en la lista de redes sociales, dejando en un lastimero segundo lugar a la que fue la pionera en la revolución comunicativa 2.0. En este sentido, dejaré a un lado el humor característico (no del todo, por supuesto) para exponer algunas ideas que considero necesarias para entender esta red social, especialmente en el contexto venezolano.

Una de las cosas que llama la atención de esta red social, es el condicionamiento que posee la expresión del usuario. Esto es, el límite de extensión a 140 caracteres. Todo mensaje que se emita pasa, inexorablemente, por un cerco. Estos pocos caracteres supondrían, en primer lugar, cierta democratización en la emisión de mensajes ya que todos los usuarios por igual estarían circunscritos a dicha barrera. En segundo lugar, dejarían claro que sólo es válida la emisión de la idea principal, por lo que lo accesorio, lo prescindible, lo añadido, está al margen.

Por otro lado, evocando la cita anterior en la que Heidegger expone “sólo hay mundo donde hay lenguaje”, se evidencia entonces que, si bien en Twitter se hace uso del lenguaje a través de un código convenido (la lengua), este resultado (el mundo) no deja de estar cercado. El micromundo de Twitter, por así decirlo, limita nuestra expresión. Es interesante el hecho de que aún cuando se permite exponer lo que se desee, el mensaje emitido tendrá primero que pasar el filtro de los 140 caracteres, y en segundo lugar, y creo que es lo más doloroso, será visible sólo para quienes “sigan” al emisor. Esta ambigüedad es un reflejo del mundo democrático, en el que la apariencia permisiva lleva a creer en la generosidad del medio.

Ahora bien. Ya se sabe que este cerco va en detrimento de la autonomía estética, lo cual es entendible por las razones anteriores. Pero ¿qué pasa cuando son los mismos usuarios quienes, en su más obstinado empeño, son los que le aplican un doble cerco a lo expuesto? ¿Muestras?

http://www.vuelodigital.com/2010/03/25/las-reglas-de-twitter-lo-que-no-debes-hacer/

http://bitelia.com/2009/04/reglas-no-escritas-de-twitter

http://ht.ly/2l9wt

A estas alturas no sé si el hecho de usar 140 caracteres es para darle a los mensajes una estética de slogan, lo cual no me parecería extraño al apreciar la superficialidad que impera en el mundo de las telecomunicaciones. Cualquiera que sea el motivo, no dejo de pensar en que, aún cuando esta red social permite la intercomunicación en tiempo real, está limitada en muchísimos aspectos. Si se afirma que Twitter es democrático, pues, es necesario afirmar que esta democracia tiene más que de un límite.

El punto que más me llama la atención es el relacionado con las estructuras del poder. Quienes ejercen el poder han tomado la palestra pública de las redes sociales al comprobar la enorme capacidad comunicativa que éstas poseen. Cuando uno ve un @chavezcandanga, @barackobama, @alvarouribevel, @albertoravell, es posible apreciar cómo los distintos focos de poder (presidencial, mediático, informativo, etc.) se involucran en una dinámica expresiva que de por sí le es ajena. Por supuesto, estos entes de poder no llegan al Twitter a mostrar su talante democrático, su buena cara, su lado popular. No. Ellos vienen al Twitter a transmitir su poder, y a través de la transmisión de su poder vienen a imponer su verdad. El poder político ha penetrado todas las esferas de la comunicación y hace uso de esta herramienta para que su guerra sea nuestra “paz” del día a día, para que su confrontación no sea ajena al conocimiento del ciudadano común.

Es necesario resaltar que Twitter en sí constituye un contexto. En dicho contexto no se puede disociar lo que es individual de lo que es social. Quien lo haga, ya sea para darle una estética “cool”, incurre inmediatamente en un acto antidemocrático. Sería conveniente que muchos defensores de la normas “Twitter” leyeran a Roman Jakobson, incluso muchos defensores de los mal llamados medios de comunicación.

Mientras tanto, hay que seguir aprovechando las ventajas comunicativas de la actualidad, sin que ello implique la ausencia de críticas constructivas a la forma en que se desarrolla la interacción social virtual. En Venezuela las redes sociales juegan un papel importante en el debate de ideas. Esto es bien conocido por los políticos: de allí la necesidad de lanzar una batalla comunicacional (se incorpora el vocabulario de la guerra una vez más, ¿casualidad?).

¿Es Twitter el nuevo prototipo de comunicación del siglo XIX? ¿Cuán efectiva es la recepción de mensajes emitidos por los centros de poder? ¿Es Twitter un nuevo experimento de condicionamiento? ¿Qué se esconde detrás de los bigotes de Cantinflas?